martes, 28 de abril de 2015

El bosque.

Según lo que re-pienso ahora, la joven que me atendió debió pensar que andaba muy arreglado, o quizá que soy un pobre hueón, pues insistió en más de una oportunidad a preguntarme si solo deseaba (si, así lo dijo) una entrada. Yo asentí con la cabeza. Ella se rió y dijo:
- Sala 5, justo al frente.
- Gracias - dije con mucha cortesía y cara de hueón.

Algunas veces voy solo al cine. Siempre me ha gustado esa sensación como que te atrapa: la pantalla grandota, el sonido que te mete dentro de la escena y me hace perder la atención en cualquier otra cosa. Eso, es difícil para mí, quizá por eso me gusta ir solo, me siento tan agradado que me molesta hablar, me siento como si estuviese muy mal hacerlo (las películas en casa no cuentan. El cine es uno de los pocos momentos/lugares en que podría cerrar el hocico estando acompañado, cuando estoy con alguien más, siento la estúpida necesidad de decir todas las cosas que pensé el rato que estuve solo, siento que si no lo hiciera, no hubiese servido pensarlo, sin decir que mi soledad hubiese sido un momento muerto. Me gusta mucho hablar, eso pensaba en la fila.

Entré.

Camino en descenso mientras cuento, cinco filas de adelante hacia atrás y entro alumbrando con el celular buscando el E10, asiento cerca del centro, me siento. Me sacó el gorro y la chaqueta mientras pasan los anuncios, temprano aún faltaba para la película.

Así que me puse a jugar a inventarle historias a la gente que estaba sentada cerca mío.

Adelante no había nadie, mejor. Atrás, una pareja cuarentona que vino porque les dijeron que la película era tchora, ayer botaron por Isabel Allende. A mi derecha, una joven rubia que manejaba poco el español y hablaba francés con fluidez (encontró el colmo que dieran una película francesa entre los tráiler de películas chilenas, bueno eso a mí también me dio un poco de risa), ella andaba con un cabro que al parecer no sabía mascar muy bien la papa,  era más o menos de su misma edad,  la
conoció en miércoles po' y la invitó al cine. A mi izquierda, un espacio entre mi puesto y una pareja que al parecer no era primera vez que salían juntos pero no pololeaban, se conocieron en la oficina, ella dejó su mochila en el puesto que sobraba y ahora definitivamente todos andábamos en pareja si contábamos la mochila.

Estaba re-metido en la película, me sentía bastante intrigado y
concentrado.

Debo reconocer que me sentí bastante incomodo al ver una escena donde un cura masturba a protagonista cuando éste es aún un adolescente, eso me hizo un flash en mi mente y volver por un segundo a la sala de cine.
Sentí la incomodidad de la pareja de atrás con ella comentándole algo al oído a él, la pareja de la izquierda comiendo palomitas de manera desesperada y la pareja de la derecha besándose apasionadamente.

Sinceramente la película me dijo que hay mucha gente que hace cosas que no podría entender.
Pero sinceramente, como mierda pedís atracar con un cura pajeando a un cabro chico de fondo.  Definitivamente ellos no estaban mirando la película, que desperdicio de dinero.
Hay de todo en la viña del señor decía mi abuelita.

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