Nunca había pasado por esa calle,
había olor a papas fritas
y
dos perros nos acompañaban hace media cuadra
Aun así
No aguantaba más
resistir la situación:
El viaje
la risa
los gritos
de
felicidad.
La dejé caer
ante
la mirada
de impresión de Diego,
de sorpresa de Pilar,
de odio de Hugo
ante
la mirada
de toda la gente
que iba pasando por la calle
entre
la piernas de Rodrigo
una mancha burdeos
empezó a teñir lentamente la vereda
mientras
una señora
sale del local desesperada
exigiendo una explicación
Yo no dije nada.
Todo era mi culpa,
no pude resistir
¿Quién manda a cargar sola
dos botellas de vino
a una pobre bolsa?
Ellos no se rindieron
y
fueron a hablar con el botillero.
1 comentario:
uta hermano, qué perdida más dolorosa.
me pasó una vez pero con cerveza.
y la culpa fue mía y no recuperamos la pérdida.
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