Bailando libres por el aire como
si no les importara el viento, incluso de ésta manera los trapos rojos no
podían brillar tanto como los gritos y el sonido de las zapatillas contra las
calles parcialmente nubladas de Valparaíso, a unas cuadras de ahí, en el
congreso los trajes y el protocolo casi encandilaban en comparación a las
palabras de la Presidenta.
Eso pensaba, mientras seguíamos
gastando garganta y las suelas.
Días después dijeron: ‘un confuso
incidente’
Nada hay de confuso en lo que ante
mis ojos pasó ese día, la primera lágrima real que derramé en una marcha.
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