Eran tipo cuatro y media de la madrugada, de viernes pa sábado, calle Monjitas llegando a Miraflores y uno caminando como siempre, cagao de sueño/hambre, mirando el suelo con ganas de llegar a descansar, ritual clásico, me siento en la banca de al frente del Papi Pizza y me percato que al lado mio estaba un cabro joven en evidente estado de ebriedad, me mira y me dice como si fuera extremadamente necesario contarme lo que pensaba.
- Lo importante amigo, lo realmente importante es el relleno.
- Toda la razón hermano - le contesté asintiendo con la cabeza mientras me comía una champiñón-queso.
- Adiós que llegues bien a destino, que Dios te bendiga. - me dijo sintiéndose liberado al haberme entregado su sabiduría.
- Chao viejito, que estés bien - me despedí yo dándole la mano.
Llegué a casa y pude dormir tranquilo. Con la cabeza sobre la almohada recordé que pueden robarnos lo que quieran, menos la voz de la calle.
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